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Lo que nos sostiene, es el amor

De Huerta Grande a General Rodríguez,

todo arte ES político

Por el Juancho Mazzeo @largavida.alrock.radio

Autogestión, rock y buena gente. Ese sería el resumen del fin de semana, y, tal vez, la frase para comprender lo que significa “ir a un recital” en Argentina: el viaje, la previa, los abrazos, las risas, las botellas cortadas, el concierto, las despedidas en la vereda, el viaje de regreso, llegar a casa, sentarse y sonreír por lo vivido. Sale crónica de la cobertura de la primera presentación de Qenqo en tierras cordobesas y el Negro Gamboa en el Teatro Botti de Gral Rodriguez.

El corazón no se deja mentir

Con un febrero caliente, por las altas temperaturas y el clima político, salí de la asamblea departamental del gremio docente sabiendo que iba a ser un gran finde. Luego de pasar por casa a buscar la cámara de fotos y alimentar a la manada, el forcito encaró por la 38 con destino a Huerta Grande, más precisamente hasta el km 59 donde se encuentra el Bar el 38, para disfrutar de mi segundo recital de Qenqo.

En noviembre, cuando estuvimos en San Miguel de Tucumán, dentro de la celebración de los 15 años de Lunáticos Viajantes, pude ver en vivo a una banda que ya venía escuchando y pasando en el programa de radio, Qenqo. Cuando comenzaron a sonar me llevó, en esas asociaciones y rotulaciones que hacemos al escuchar una banda por primera vez, a pensar en Arbolito, tal vez por los vientos y el ritmo de la bata. Y hay algo de ese folk-rock que marca a la banda y que va transmutando en un sonido propio, en una búsqueda y construcción de identidad que me fascina y me seduce. Y ahí fui a escucharlos nuevamente, al Ramiro Muñiz (voz, teclado, quena, armónica) y Lautaro Fernández Sierra (saxo), que le dan “ese” toque diferente a la banda con los vientos, al Facu Fernández Sierra en guitarra, que te lleva en un viaje cuál cóndor entre las montañas, y una gran base del Nico De Pietro en el bajo y el Leo Mutti en la bata (y que está tramitando la ciudadanía cordobesa).

Dos horas de una gran presentación, por primera vez, en suelo cordobés para una banda que va a cumplir 5 años, con varios EP en la matrix (Serpiente, Cóndor, Puma, Sumahuasi) y uno nuevo casi por salir a la luz. No tengo lista de temas, pero creo que transitaron por todo el repertorio, incluso los temas nuevos, Gran apuesta para la gente del Bar el 38, que se la juega por el rock ofreciendo un buen sonido que permitió disfrutar a la tribu qenqera de una noche calurosa y a varios vecines que se acercaron a escuchar y ver qué onda.

Qué buena banda, qué buena gente. Brindo por el reencuentro, por esta primera presentación en Huerta Grande y por las que vendrán. “Soplan versos hechos de viento, que hacen crecer las llamas…”, gracias tribu qenqera, qué buen recital.

Casi tres y media de la madrugada, el forcito encara nuevamente por la 38, camino a Fighiera y Pavón, ahí en el sur de la narcoprovincia santafesina. Una parada técnica en la autopista para cargar nafta y descansar un par de horas, y seguir andando en dirección al sol, con PR sonando de fondo.

Con la pluma entre los dientes

El sábado al mediodía llegué a lo de mi hermana, el calorononón y lumedark me recibieron con una triple mortal en el pecho. Lo bueno es que no había mosquitos tamaño Drácula como en enero.

Almuerzo con la familia, una ducha, una siesta y a las 6 de la tarde salimos a pista nuevamente con destino a General Rodriguez: autopista, ruta 6, ruta 7 y a seguir el gps hasta el Teatro Botti, que a las 9 de la noche tenía sus veredas con los trapos de las tribus que se iban acercando.

Bajar del auto y comenzar a ver caras conocidas, cruzar miradas y sonreír, en esa hermosa complicidad de sabernos en la misma, de que vivir solo cuesta vida y ahí estamos, disfrutando, resistiendo y andando. Una mirada que se extiende en un abrazo, en una risa y en una invitación a compartir un trago y el “qué bueno verte!”. Y ahí empezar a saludar a la profe de pilates, al Niko con su cámara nueva, a una parte de los sabandijas (el resto llegó después), a mi amiga la Sole y la Tati, que seguía festejando su cumple. Subir las escaleras de ingreso para abrazarnos con el Rama Módica, que junto a la Mel, se apencaron en la puerta del teatro comenzando a organizar el ingreso y pedir disculpas a Jairo (sin un perro colgado en la pantorrilla) que traía con una jarra con agua helada, por los falsos rumores de que quise quitarle el laburo en Maipú. Calumnias Jairo, calumnias. Cuando entré al teatro Botti, me llevé una muy grata sorpresa de estar en un lugar muy lindo, buena iluminación, un escenario que permite ver desde todos lados, aire acondicionado, sonido fantástico y pasar para el fondo a saludar al Negro que andaba en ojotas que piden cambio.

La noche comenzó con la presentación de “Acustóxico”, un dúo local integrado por el Osky (en voz y legüero, y conductor de “Divididos por la felicidad”, programa radial) y Martín (en guitarra eléctrica), con un muy lindo repertorio rockero y esa facilidad en la palabra para presentar cada canción, su autor, su historia y la relación con el hoy. Porque sabemos que todo arte ES político, y no hay son tiempos de tibios.

Casi doscientas personas coparon el Botti para ser parte de otra gran presentación de Guillermo “El Negro” Gamboa, que nos ofreció un puñado de canciones durante dos horas y cuarto, dejando el alma en cada canción. Hubo una lista de temas, hay fotos que son evidencia de el intento de seguir una lista de temas, que nadie sabe cómo fue evadida, cual Diego a los usurpadores en el 86, en la sexta o séptima canción. Y de ahí en más, se cantó todo lo que le pasaba por el corazón. Fueron un montón de canciones que me siguen emocionando como la vez primera, ponen la piel de “poio”, que me llevan a desandar mi camino, mis historias, las miradas de quienes ya no están pero que siguen acompañando y disfrutar de toda ese tsunami de emociones que te aceleran el corazón y se transforman en lágrimas que se disimulan con la transpiración y se funden en nuestras sonrisas. Y todo eso mientras cantás, chango, mientras te brindás a corazón abierto y se replica en nosotres, que cantamos con voz en una comunión inexplicable. Y se siente tan bien.

Salimos al patio del teatro mientras las tribus comenzaban copar las veredas y emprender el regreso o continuar de gira. Me despedí con la promesa de ir a visitar al Negro a su casa, capaz que para la fecha de la Cabra el 19 de abril en el Complejo Art Media, nos saludamos con la Mel, Jairo y el Rama, con una mirada de saber que había sido una gran y hermosa noche, y que se apuesta fuerte en éste 25 que se viene con discos nuevos y desafíos de recitales en los que vamos a estar presentes, bancando a la banda que llevo tatuada en la piel.

El forcito rumbeó por la ruta 7, la 6 hasta Campana y seguir por la autopista, con los redondos de fondo, a modo de ceremonia de agradecimiento y de cábala. Llegar a Pavón con la cabeza a mil, bombardeada por imágenes de dos noches increíbles, y saber que sí, la ruta da buena suerte y trae buena gente.

Nos vemos la próxima.